Eliseo la atrapó en sus brazos antes de que su cuerpo terminara de desplomarse en el suelo. El impacto fue inmediato: su piel ardía, su respiración era irregular, y sus movimientos carecían de coherencia, como si no tuviera control sobre sí misma.
Pero lo que lo detuvo en seco no fue solo su estado.
Fueron sus ojos.
Desorientados. Nublados. Perdidos en un punto inexistente.
Él reconoció de inmediato que algo estaba mal. No era simple debilidad, no era cansancio… era otra cosa. Algo forzado. Art