Los ojos de Eliseo se abrieron con una furia contenida, como si algo dentro de él acabara de romper un límite invisible. La tensión en su rostro se endureció de inmediato, y su mirada se clavó en ella con una intensidad peligrosa.
—¿Tu hermana Hacinta? —repitió, como si necesitara asegurarse de haber escuchado bien.
Alessia bajó la mirada al instante, abrazándose a sí misma, todavía temblando por lo que acababa de confesar. El miedo regresó a su pecho como una ola fría.
—Nadie me va a creer… —s