Valentino miró fijamente a Marisol, con una intensidad que no dejaba espacio para evasivas. Sus ojos oscuros parecían buscar algo más profundo que una simple respuesta, como si en esa pregunta se jugara algo que ni él mismo terminaba de comprender.
—Entonces… —dijo lentamente—, ¿soy mejor que él?
Marisol sostuvo su mirada por un instante. Luego, una sonrisa ladeada apareció en sus labios, cargada de ironía y desdén.
—Cualquier hombre es mejor que ese sucio traidor.
La respuesta no lo satisfizo.