—Marisol… Lara no está bien. No puedo dejarla aquí.
La voz de Valentino sonó firme, pero en el fondo había una duda que no pudo ocultar del todo. Sus ojos iban de Lara a Marisol, como si estuviera atrapado entre dos decisiones imposibles.
Marisol lo miró sin parpadear, con el rostro endurecido.
—Me quedo aquí —respondió con frialdad.
El viento nocturno movió ligeramente su cabello, pero ella no se movió ni un centímetro. Su postura era firme, casi desafiante.
—¡No seas irracional! —insistió Vale