Gael miró a Jenny con una mezcla de tensión y desconcierto. Su mandíbula estaba tensa, y sus ojos parecían buscar una explicación que no terminaba de llegar. Sin embargo, en lugar de cuestionarla, avanzó hacia ella y la tomó del brazo con firmeza, como si quisiera sostenerla frente al juicio de todos.
Jenny lloraba desconsoladamente, su maquillaje corrido, su imagen cuidadosamente construida derrumbándose ante las miradas curiosas y los murmullos que ya comenzaban a rodearlos.
—¡Fue ella! —gritó