—¿Qué quieres, mujer? —la voz de Anabela temblaba de furia contenida—. ¿Cuánto dinero quieres para dejar en paz a Valentino Black?
Su mirada estaba llena de desprecio. Para ella, Lara no era más que una oportunista que había llegado en el peor momento posible, aprovechándose de la vulnerabilidad de su familia.
Pero Lara no se inmutó.
Al contrario, sonrió con una calma inquietante, como si hubiera estado esperando exactamente ese momento.
—No quiero su dinero —respondió con suavidad, casi con des