—¿Qué estás diciendo? ¡Eso no es verdad! ¡Mientes! —la voz de Anabela resonó con fuerza en la sala, cargada de rabia y desprecio—. Claro… lo ves vulnerable y vienes como una perra por un hueso.
El ambiente se volvió insoportable. Nadie respiraba con normalidad.
Todas las miradas estaban clavadas en Lara, quien, lejos de retroceder, se mantenía firme, con el niño en brazos como si fuera su mayor escudo.
—Yo di a luz al heredero de Valentino Black —declaró con orgullo, alzando el mentón—. Y ella…