Lara salió de la habitación con el corazón desbocado, sintiendo que el aire no le alcanzaba. Sus pasos eran rápidos, torpes, como si en cualquier momento alguien fuera a sujetarla por la espalda y todo terminara ahí, frente a todos.
El pasillo del hospital le pareció interminable.
Le temblaban las manos.
Apenas logró sacar el teléfono de su bolso. Marcó con desesperación, mirando constantemente hacia atrás.
—Contesta… contesta… —susurró, al borde del llanto.
La llamada finalmente se conectó.
—¡N