Al día siguiente, Alessia despertó lentamente entre un calor suave y familiar.
Durante unos segundos no entendió dónde estaba.
Todavía estaba adormecida, atrapada entre el sueño y la realidad, hasta que sintió un brazo rodeando su cintura con firmeza.
Entonces levantó apenas la mirada.
Y lo vio.
Eliseo seguía dormido junto a ella.
Su respiración era tranquila, profunda. El cabello oscuro caía desordenado sobre su frente y una de sus manos seguía aferrada a ella incluso dormido, como si temiera