Al siguiente amanecer, la luz del sol se filtraba suavemente por las cortinas de la habitación, iluminando los contornos delicados de Marisol.
Valentino despertó lentamente, y al abrir los ojos, la encontró recostada, todavía entre sueños.
Su primer impulso fue acercarse, acariciar su rostro y sentir la suavidad de su piel bajo sus dedos.
“¿Por qué no eres tú?”, pensó, una punzada de deseo y confusión mezclándose en su pecho.
Valentino se levantó, caminando hacia el baño con pasos firmes pero si