Carlo se sintió extraño desde el momento en que entró en la mansión.
El aire parecía más pesado, y cada paso que daba tambaleante le hacía sentir como si estuviera perdiendo el equilibrio entre la realidad y un sueño confuso.
Uno de los empleados lo tomó del brazo con cuidado, guiándolo por el largo pasillo, asegurándose de que no se cayera.
Carlo no estaba consciente de nada más; su mente estaba nublada, y la presencia de un calor extraño en su pecho lo hacía sentirse aún más desorientado.
Lleg