Alyna no pudo contenerse más.
El peso de todo lo ocurrido cayó sobre ella de golpe, como una ola imposible de esquivar, y terminó rompiendo en llanto. No fue un llanto suave ni contenido… fue desgarrador, profundo, de esos que nacen desde lo más hondo del alma.
Marisol no dudó ni un segundo.
La abrazó con fuerza, rodeándola con sus brazos como si quisiera sostenerla, como si pudiera protegerla de todo el dolor que parecía consumirla por dentro.
—Todo va a estar bien… —murmuró, aunque ni ella mis