Marisol salió del hospital con el corazón hecho pedazos. Cada paso que daba le pesaba como si cargara una culpa que no le pertenecía del todo, pero que igual la estaba destruyendo por dentro.
Sus ojos estaban vidriosos, al borde del llanto, y su respiración era inestable, como si el aire le doliera al entrar en el pecho.
Había entregado los papeles del divorcio. Esa simple acción, estaba destrozando su alma, su corazón, ella lo amaba, lo amaba más que a nadie, ¿Por qué debía dejarlo? ¿Por qué la