Cuando Marisol por fin recuperó la conciencia, lo primero que sintió fue un dolor punzante en la cabeza, como si alguien hubiera golpeado sus pensamientos hasta dejarlos en silencio.
Todo estaba oscuro al principio, borroso, pero poco a poco una luz tenue comenzó a abrirse paso frente a sus ojos. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar, hasta que la realidad la golpeó con una claridad brutal: estaba atada a una silla.
El pánico llegó de inmediato.
Intentó moverse, pero sus manos estaban firme