Horas antes…
La puerta de la habitación se abrió de golpe, chocando con la pared con un estruendo que rompió el silencio del hospital.
Renè irrumpió sin aliento, con el rostro tenso y la mirada cargada de urgencia.
—¡Ya la encontramos! —anunció, casi sin poder contener la emoción—. ¡Envié por la señora Marisol!
Valentino, que apenas lograba mantenerse en pie junto a la cama, levantó la mirada de inmediato.
Su cuerpo todavía estaba débil, su piel pálida, y el dolor recorría cada músculo como una