Fueron ocho horas de viaje. Ocho horas en los que ninguno de los dos dormimos a pesar de estar encerrados en un tubo metálico en el cielo. Kiara parecía perdida en sus pensamientos, negándose a hablar o comer. Era como si su cerebro se estuviera moviendo a una velocidad inhumana, procesando todo lo ocurrido. Y yo, me había limitado a observarla, darle su espacio mientras seguía recibiendo llamadas de los noticieros queriendo hacerme una entrevista.
Pero no había nada que declarar. No hasta qu