No me soltó. No sabía cuánto tiempo había pasado acurrucada, pero él me mantenía con firmeza alrededor de sus brazos. Terminamos en la cama, él me colocó una sábana encima para cubrir mi cuerpo desnudo, pero no tuvimos intimidad, ni siquiera lo intentó a pesar de sentir su firme erección en mi muslo. Ni lo mencionó. Simplemente dejó que me desahogara.
Debí llorar una eternidad, ya que en algún punto, me fijé que mi cabello anteriormente húmedo, se encontraba seco.
—¿Cómo se llama él? —pregunt