No podía creer lo que iba a decir, pero… Me encantaba estar enferma. Nunca me había alegrado de sentir mi cuerpo pesado, la sangre hirviendo y los escalofríos dominando mis huesos hasta este momento.
Mis padres nunca me cuidaron cuando era niña. Primero con la excusa de que no tenían el dinero suficiente, pero con el tiempo me di cuenta que no querían hacerse cargo de mí. Y con Federico… pues, no le gustaba que me enfermara. No porque se preocupara por mí, sino porque me volvía lenta al hacer