Los labios de Vinicius sabían a pecado, a algo que estaba mal pero se sentía tan bien.
Legalmente seguía casada, pero mi alma y mi corazón jamás estuvieron con ese hombre que se creía mi dueño en lugar de mi compañero.
Se sentía tan bien, estar en los brazos de alguien que yo en verdad había escogido. Nada de obligación, ni de miedo. Lo hacía porque yo quería.
Vinicius se deshizo de la ropa, dejándome en ropa interior, la cual no era muy llamativa. Seguro estaba acostumbrado a lencería costo