Las lámparas de cristal del salón principal de la mansión proyectaban una tenue luz amarillenta mientras el amanecer comenzaba a asomarse detrás de las colinas de Ajusco.
Vir permanecía inmóvil, con el teléfono todavía ardiéndole en la mano. El video íntimo de su madre con Diego Costa en aquella oficina seguía reproduciéndose en su cabeza como una cinta averiada. Sin embargo, tuvo que contener su furia. Violetta caminó junto a él mientras subían las escaleras. Al llegar a la habitación, ella se