El majestuoso jardín trasero de la mansión De la Vega Montesino de pronto se sintió estrecho. La pregunta de Vir sobre la muerte de los padres de Violetta seguía suspendida en el aire, pero Violetta desvió el juego hacia algo aún más sofocante.
—Bien, empecemos —dijo Violetta con una voz más estable, aunque sus manos seguían heladas—. Mi pregunta va primero, Vir.
—Adelante. Espero tu pregunta, cariño.
—¿Me amas? Responde con sinceridad, no porque esté embarazada del heredero de tu fortuna por l