El lujoso jardín de la residencia De la Montesino seguía envuelto en una atmósfera sagrada, pero la tensión comenzaba a deslizarse detrás de la hermosa decoración de flores de Cempasúchil. Violetta permanecía de pie en el altar con el cuerpo rígido. Su majestuoso vestido de encaje blanco se sentía demasiado pesado, tan pesado como el secreto que cargaba sola.
Sin la presencia del tío Alejandro a su lado, Violetta se sentía como un cordero arrojado solo a una jaula de leones. Lágrimas cristalina