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Cuando llegamos a casa, le encargaste a Brian que trajera bebidas y snacks, así que le indiqué dónde quedaba el supermercado. Por cuestiones de seguridad, mi edificio no tenía portero eléctrico y sólo se podía ingresar con la llave de la puerta de calle, porque la tenías o porque alguien bajaba a abrir. Así que le di a Brian las llaves de casa. El custodio miró el llavero, casi sorprendido, y se volvió hacia su jefe como pidiendo traducción.

—Tercer piso, apartamento diez —repetiste so

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