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El pecho todavía me ardía, y me preguntaba qué te había pasado para que derribaras todas mis defensas y te sintiera así, cuando llegó Ray. Mi intención era dejar que saludara a sus amigos hasta que me llegara el turno, pero él me señaló desde el otro lado del fuego y se abrió paso hacia mí. Así que me apresuré a su encuentro. Nos dimos un abrazo largo y estrecho, riendo los dos.

—El pendejo estará aquí en cualquier momento —me susurró al oído antes de soltarme—. Se retrasó para llamart

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