Capítulo 35. No uses tu dolor para castigarme
Liana despertó antes que el sol, la fría luz de emergencia del búnker marcaba el final de una noche de tregua forzada. El brazo tatuado de Lucifer ya no estaba sobre su cintura; la había soltado en algún momento del sueño. Se había quedado del lado de la cama más cercano a ella, pero había mantenido un espacio prudente.
Ella se deslizó fuera de la cama con una quietud espectral. Lucifer, magullado y agotado por la batalla, dormía profundamente. Se veía como lo que era: un hombre que había arri