Capítulo 34. La resistencia de Liana
El pesado portón de acero se cerró con un chasquido sordo, sellando a Liana en el búnker de contención máxima. El ruido resonó en su estómago como un golpe físico. Miró las paredes de acero. No era un refugio; era una jaula diseñada para un activo valioso.
Se dijo a sí misma que se obligaría a dormir, pero su mente era un campo de batalla.
"—Yo no siento nada por nadie, Liana, entiéndelo de un vez."
El eco de esas palabras era más frío que la ducha de agua helada de la mañana. No era la