Esa noche, después de que el equipo se despidiera y el local quedara de nuevo en silencio, la celebración fue más íntima, más profunda. La victoria contra Alejandro y Beatriz no había sido solo profesional, sino personal. Había cimentado su unión.
Mateo y Sofía se encontraron en la cocina, bajo la luz tenue de las campanas extractoras, que ahora parecía una iluminación suave y romántica.
—Lo hicimos —susurró Sofía, acercándose a Mateo—. Lo hicimos.
Mateo la atrajo hacia él, sus brazos rodeándol