Leonardo insistió con calma, pero con un brillo helado en la mirada:
—No te preocupes por eso. Si pasa algo, yo asumiré la responsabilidad. No se lo diré a nuestros padres, así que finge que no sabes nada. Zoey, debo vengarme por ti.
Zoey bajó la cabeza, pero en sus ojos destelló un brillo de entusiasmo y odio.
“¿No quería Sabrina ayudar a esa mujer? Esta vez, después de que la enfrente su propio hijo, debe de resultarle insoportable.”
Leonardo no percibió la expresión oculta de Zoey. Al mirarl