En el hospital, al enterarse de que Elliot estaba herido, el cirujano se preparó rápidamente para darle puntos de sutura. Una vez dentro, le cortaron la camisa y una manga para exponer la herida.
Rubí y Leonardo lo acompañaban, y Rubí notó que Elliot tenía muchas cicatrices antiguas.
Sus hombros y brazos estaban marcados por ellas. Frunció el ceño y, de repente, sintió respeto por él.
Esas heridas eran testigos de su entrenamiento y su servicio por el país.
Una pequeña enfermera no pudo evitar