Cuando Alexander se subió a su auto, un arrepentimiento punzante lo invadió. Se sintió culpable por la forma en que había tratado a Valeria. No quería ser duro con ella, pero su impulsividad lo había llevado a ser brusco, a comportarse como un imbécil una vez más.
Golpeó el volante con furia contenida, la imagen de la mesa preparada y el rostro inseguro de ella grabados en su mente. Era la primera vez que ella tenía un gesto tan considerado con él de esa forma, y él la había rechazado de plano