Finalmente, Alexander cedió. Acompañó a Leo a un bar discreto. Se sentaron en la barra y el barman se acercó con una sonrisa profesional.
—¿Qué se les ofrece, caballeros?
Leo pidió por Alexander, quien asintió en señal de aprobación. Bebida tras bebida, Alexander dio grandes sorbos, vaciando un vaso tras otro, pidiendo más y más. Leo, viendo el ritmo desmedido, finalmente intervino.
—Creo que ya es suficiente, amigo. Además, después tendrás que ir a casa y no podrás conducir. Será mejor que tom