Alexander apareció repentinamente, su presencia llena de autoridad. Valeria se alejó un paso del hombre rubio, quien se mostró intrigado por la llegada del magnate. Alexander, sin mediar palabra, deslizó una mano posesiva sobre la cintura de Valeria y la atrajo hacia sí.
—Valeria, cariño, ya todo está listo para la compra —soltó con una voz melosa y forzada que era totalmente ajena a él—. Vamos por aquí.
El rubio se quedó en silencio, una expresión de perplejidad cruzando su rostro. Bajó la mir