Alexander la observó, cruzado de brazos, mientras Valeria dudaba frente al amplio vestidor, incapaz de decidirse. Se acercó y, con la seguridad de quien conoce el buen gusto, extrajo un vestido de estampados delicados y bonitos.
—Deberías usar este. Te quedará muy bien —comentó con sencillez.
Un simple comentario, despojado de cualquier adulación, bastó para que el rostro de Valeria se encendiera en un tono rojo intenso. Ella forzó una media sonrisa, tomó el vestido y se apresuró a ponérselo. D