El auto se movía rápidamente por la noche italiana, pero en su interior se había instalado un silencio tan denso como la neblina. Ni Alexander ni Valeria se atrevían a tocar el tema del beso, un contacto que, lejos de ser un "error", los había unido con la fuerza brutal de la verdad, solo para dejarlos ahora distantes y confusos.
Valeria viajaba con las manos fuertemente entrelazadas en su regazo, la mirada fija y vacía en el tablero del auto. Se sentía completamente descolocada, como si la pe