A la mañana siguiente, cuando Valeria abrió los ojos, su primer instinto fue sentir el espacio a su lado. La cama estaba vacía. Un suspiro de alivio escapó de sus labios. La pesadilla de la noche anterior, con la confrontación y la revelación, parecía un recuerdo lejano. Se levantó en silencio, disfrutando de la quietud de la habitación, un respiro de la presencia intensa de Alexander.
Se preparó para empezar el día, sus pensamientos ya en el exterior. Sabía que los hombres de Alexander la seg