La mañana llegó de golpe para Alexander. Abrió los ojos de forma brutal, con la respiración acelerada y el pecho subiendo y bajando a una velocidad vertiginosa. Su frente estaba perlada de sudor. El recuerdo de lo que había sucedido la noche anterior lo golpeó como una ola, una realidad que aún no podía procesar.
—Valeria —fue lo primero en lo que pensó.
En ese momento, no había espacio para nadie más. Ni para Dina, ni para el desastre de su boda. Solo podía pensar en la mujer que ahora estaba