Después de dejar el hospital, Alexander llegó a su lujoso piso, pero la soledad del lugar solo acentuó junto al millar de emociones que sentía. La culpa, el arrepentimiento y una punzada de miedo lo aplastaban. Al entrar en la ducha, sintió cómo el agua caliente se mezclaba con el rastro de la sangre de Valeria que aún manchaba su piel. Se lavó, se restregó con la esponja una y otra vez, pero por mucho que la sangre se fuera por el desagüe, la imagen del cuerpo desplomado de Valeria seguía grab