Diana y Alejandro, con los ojos todavía humedecidos, se miraron. Una sensación de profunda alegría por tener a su hija frente a ellos.
Todavía parecía un sueño. Aunque no se dio en las circunstancias que imaginaron.
—Valeria —comenzó Diana, su voz era entrecortada y llena de emoción —, estamos inmensamente felices de verte. No tienes idea de cuánto hemos soñado con este momento, con recuperar todo el tiempo perdido. Pero también somos conscientes de que necesitas espacio, necesitas tiempo par