Alexander estaba otra vez en la barra, bebiendo junto a su amigo Leo.
Leo lo miró directamente a los ojos, con el ceño fruncido.
—No he sido yo quien te invitó a beber esta vez —señaló Leo, con un tono de regaño—. Fuiste tú quien me hiciste venir. De seguro estás pasando por algo aún más complicado que lo de tu escándalo. Si eso ya se está solucionando, si ya han atrapado a Brenda y está pagando por su acción, entonces ¿qué te preocupa tanto, amigo?
Alexander giró la cabeza en su dirección, t