VIGGO THORNE
Podía mentir todo lo que quisiera, mantener mi distancia y fingir que soy de acero y que no siento nada, pero en cuanto caía la noche y Tanya se acercaba con esa belleza inocente y natural, mis defensas se iban cayendo poco a poco. Tenerla acurrucada al lado, como un pequeño gorrión con frío, me hacía vibrar cada hueso del cuerpo.
No solo era hermosa y de apariencia frágil, sino que generaba un calor en mi pecho que hacía mucho tiempo no sentía.
Desde que ella me «cuidaba», yo do