TANYA RHODES
—¡Estás loca! —exclamó Fabián con risas nerviosas mientras volteaba hacia Noah, temiendo que él pensara mal—. Eres como una hija para mí. Nunca…
—Vete de aquí —pedí con la mirada perdida en mi madre—. No la quieres, nunca la quisiste… no tienes que estar aquí.
—Pero, princesita, te quiero a ti… —susurró asqueándome por su tono que rayaba en lo piadoso, como si yo fuera la que estaba equivocada—. Hablemos de todo esto, ¿quieres?
—¿No la escuchaste? No tienes nada que hacer aquí —in