VANESSA GARDNER
Colgando de una de las trabes del techo, sujetado por las muñecas, estaba Kevin, bañado en lo que parecía ser su propia sangre. Con la cabeza colgando. Bajé la mirada, analizando cada detalle, sus hombros dislocados, la sangre goteando de sus cabellos, su rostro desfigurado, su torso lleno de heridas profundas. Cada vez que respiraba parecía que sus intestinos se asomarían a través de ellas, y sus piernas… bueno, tal vez lo correcto era decir que no tenía piernas. Alguien las ha