NOAH THORNE
En cuanto Kevin alzó su rostro hacia mí, le sonreí y lo arrojé por encima del barandal. Su cuerpo fue rebotando como si fuera un muñeco de trapo mientras yo lo seguía con la mirada, apoyando mi mentón sobre la palma de mi mano hasta que por fin su cuerpo azotó con el piso.
—Si Dios es piadoso, lo habrá matado la caída —contesté con un suspiro cansado—, si sigue vivo es porque le gusta la venganza.
—Dios no es tan cruel —soltó Jerry disfrazando su molestia con una sonrisa rígida.