VANESSA GARDNER
—¿Es en serio? —preguntó Lourdes, mi compañera en el bar—. ¿Qué haremos sin ti? Dabas unos espectáculos brutales en la jaula.
Me encogí de hombros antes de voltear hacia ese armatoste enorme, con las rejas oxidadas.
—Creo que yo también extrañaré todo esto —contesté con un suspiro.
—¿Lo haces por tu novio? Veo que ya te pidió matrimonio —susurró con tono pícaro mientras sostenía mi mano y veía el anillo más de cerca.
—Sí, creo que tengo que darle un giro a mi vida —agregué enc