NOAH THORNE
Abrí los ojos en cuanto los primeros rayos del sol entraron por la ventana y ahí estaba ella, acurrucada a mi lado, con el cabello revuelto sobre la almohada, echa un ovillo, con la sábana cubriéndola apenas lo suficiente. Dormía profundamente, con la apariencia de un bello ángel que terminó en mi cama.
La observé por largos minutos, admirando su belleza, recorriendo la piel desnuda de sus brazos, con una sonrisa llena de satisfacción. Ahora era mía y solo mía. Me pertenecía. No ha