El hospital era un ecosistema de azulejos blancos y luces fluorescentes que zumbaban con una indiferencia cruel. Daniel atravesó el vestíbulo con una zancada que obligaba a los enfermeros a apartarse, su saco desabotonado ondeando ligeramente, proyectando una sombra de autoridad que parecía congelar el movimiento a su alrededor.
Se detuvo frente a Mateo. La distancia entre ambos era mínima, un campo de batalla invisible donde el olor a desinfectante se mezclaba con el aroma a hierro de la san