La puerta de la sala de juntas se deslizó con un siseo metálico, marcando la entrada de Mateo Villalba. El heredero de los Villalba no traía la calidez del prometido que Victoria conocía; traía la rigidez de un hombre que ha sido humillado y que, finalmente, ha encontrado el arma del crimen.
Mateo barrió la estancia con una mirada gélida. Se detuvo en Lex con un desprecio apenas disimulado y luego clavó sus ojos en Daniel, que permanecía tras su escritorio como un monarca en su torre de marfi