61. PERSEGUIDOS
[SOFÍA]
La bandeja del desayuno todavía descansa sobre la mesa baja, con las tazas vacías y los restos de fruta a medio comer. El olor a café se mezcla con el de su piel, todavía impregnada en mi memoria. Me miro en el espejo del vestidor mientras termino de ajustar el cinturón del vestido. Francesco está detrás de mí, acomodando su camisa frente a otro espejo. El contraste me arranca una sonrisa: los dos sabemos que lo que ocurrió esta mañana nos desarmó, pero aquí estamos, vistiéndonos como s