Adán García
Verla nuevamente me deja sin aliento.
Jamás imaginé que el reencuentro sucedería aquí, en una oficina bañada por la elegancia y el poder que jamás asocié a ella. Al principio, lo confieso, pensé que trabajaba como secretaria, quizás organizando agendas o contestando teléfonos. Pero no… no era así.
Eva no es la sombra discreta que recordaba; está de pie en lo alto, como la ejecutiva principal y dueña de la empresa. La certeza me golpea con fuerza y me roba la voz. El asombro que me