Miro la televisión y mi rabia se multiplica. El caso Royce ha sido adelantado para esta semana. Ese desgraciado, ese malnacido, debió haber pasado diez años antes de tener derecho a un juicio.
—¡Maldición! —golpeo el escritorio con toda mi fuerza. El sonido retumba en la oficina, pero no calma el ardor en mis venas.
Cierro los ojos un instante, pero la impotencia me consume. Ese hombre casi destruye mi empresa, casi arrasa también con el sueño de mi mujer, y ¿qué recibe? Beneficios carcelarios.